La Palabra de Dios

IX Domingo después de Trinidad

Lucas, 12. 49-56

Jesús, causa de división

«Yo he venido a prender fuego en el mundo; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! Tengo que pasar por una terrible prueba, y ¡cómo sufro hasta que se lleve a cabo! ¿Creen ustedes que he venido a traer paz a la tierra? Les digo que no, sino división. Porque de hoy en adelante, cinco en una familia estarán divididos, tres contra dos y dos contra tres. El padre estará contra su hijo y el hijo contra su padre; la madre contra su hija y la hija contra su madre; la suegra contra su nuera y la nuera contra su suegra.»

Ilustración de una cerilla encendida con una frase

Las señales de los tiempos

Jesús también dijo a la gente: «Cuando ustedes ven que las nubes se levantan por occidente, dicen que va a llover, y así sucede. Y cuando el viento sopla del sur, dicen que va a hacer calor, y lo hace. ¡Hipócritas! Si saben interpretar tan bien el aspecto del cielo y de la tierra, ¿cómo es que no saben interpretar el tiempo en que viven?»


Reflexión

Hoy nos ofrece la reflexión de la Palabra el Padre Guillermo Gil

NO HE VENIDO A TRAER PAZ EN LA TIERRA SINO DIVISION.  

Caminando e incendiando corazones con una llama de amor.

Ayer visitaba el comercio en el centro de la ciudad y uno de los vendedores de frutas que se organizan con sus carretas cerca a la plaza de mercado tenía una conversación poco común en donde hablaba del Rey Midas que vivía la obsesión por tener más oro, pues creía que la felicidad estaba en el tener, así empieza a vivir una terrible tragedia en su vida . Al capturar y atender a sus dioses pidió que le devolvieran un favor “quiero que todo lo que toque se convierta en oro”

Y la codicia de sus deseos y la avaricia por el oro lo llevó que todo lo que tocaba lo convertía en oro… no podía disfrutar de la naturaleza pues se convertía en oro, no podía comer pues todo alimento se convertía en oro y hasta que abrazó a su hija y la convirtió en una estatua dorada.

Lamentándose de su desgracia y siendo consiente de hacia donde lo había llevado la codicia y la avaricia acude nuevamente a su dios y éste, lamentándose de lo ocurrido, le dice que se lave las manos en el río Pactolo (lugar donde no solo fluye el agua sino pepitas de oro) y el Rey Midas realmente arrepentido por sus actos se lava las manos en el río y regresa a casa en donde todo vuelve a la normalidad (bueno ¡eso parece!).  Midas abrazó a su hija como nunca y prometió compartir su fortuna con los demás.  Midas se convirtió en mejor persona, generosa y agradecida por todos los bienes que tenía.  Su pueblo llevó una vida próspera y cuando murió, todos lloraron a su rey.

Ilustración que representa al rey Midas antes de abrazar a su hija y convertirla en estatua de oro

Y esta historia llega por Ovidio, un poeta romano que la escribe; es su libro Metamorfosis.  La leyenda de Sileno.  Midas realmente existió en el s.VIII a.C y es cuando los frigios llegan a su época de mayor esplendor en Macedonia hoy Turquía.

El evangelio de hoy, un libro también de “metamorfosis para cristianos y no cristianos” no de leyendas, sino de realidades para el mundo. Nos muestra un Jesús que con sus palabras puede ser chocante y contradictorio. Para muchos que empiezan a ver que el seguimiento a Jesús es más radical y exigente de lo que han pensado.

Si Midas como mortal, movido por sus deseos y caprichos al igual que por su obsesión convertía a su paso todo en oro, en algo estático sin movimiento y en su corazón encontraba un vacío y un sinsentido a su vida. A nosotros, como Cristianos, nos mueve el Amor a Dios y al prójimo y eso empieza a cambiar nuestra vida y nuestro entorno.   Nosotros, en nuestro seguimiento al Hijo del Dios verdadero, seremos signos de contradicción y aunque nuestras conversaciones con amigos y familia puedan ser incendiarias y generen división y conflictos… es allí donde empieza a gestarse una transformación en la sociedad en donde la Palabra de Dios y el ejemplo coherente con las enseñanzas de Cristo van a dinamizar al mundo a la enemistad… los que sirven al nuevo orden y los que sirven al orden establecido por Dios.

Para Midas todo lo que él toca se convierte en una maldición, para nosotros todo lo que tocamos se convierte en una bendición.  Para Midas lo mueve la llama de su obsesión, para nosotros nos mueve la llama del Espíritu de Dios que nos transforma y enciende el corazón de otros como llamas vivas. Para Midas la belleza esta en las riquezas de este mundo… para nosotros la belleza está en Cristo y en los dones del Espíritu.

Midas arrepentido vivió un proceso de purificación en el rio Pactolo y es allí donde su mundo cambió para bien de él, pues encontró paz en su corazón rectificando su vida de lujos, de la obsesión del tener pasó a compartir con los demás y eso ayudó a que prosperara su reino.

Jesús en el evangelio nos habla de pasar por el Bautizo no solo de agua sino de fuego y nos dice ¡Y qué angustia sufro hasta que se cumpla!  Porque la Paz que trae es diferente a la Paz del mundo.

Aun vivimos imaginarios de paz… las luchas por una Paz “estable y duradera” , la Paz de los conflictos armados, la Paz Total,  la Paz de los partidos de izquierda con los de derecha, hasta la Paz de los cementerios… realmente cuán equivocados estamos: esos imaginarios no son  la Paz de Cristo.

Ni siquiera el rey Midas arrepentido, que pasó por la purificación, pudo acceder a la Paz de Cristo pues vivía en un mundo politeísta… ni siquiera Dionisio o el dios del vino podía darle la paz en una taberna al lado de un barril de vino.  ¡Solo Cristo nos puede dar la Paz que necesitamos!

Cuántos de nosotros hemos asumido posiciones de Cristo en las situaciones de nuestra vida, en la defensa del más pequeño, del más débil y empezamos a tener problemas en nuestro trabajo, en nuestras relaciones en la sociedad:  empezamos a ser mal vistos, empezamos a ser señalados y hasta perseguidos.  La iglesia, como comunidad, empieza a ser perseguida por los partidos políticos, por los gobiernos, por el monopolio económico de orden mundial que nos ve como una amenaza a sus intereses.

Sin embargo hay una satisfacción en nuestro corazón porque estamos cumpliendo la voluntad de Dios: esa Alegría por transparentar a Cristo, por tocar el corazón de otros para que se transforme con la llama del Espíritu Santo.  Es allí donde radica la Paz que llevamos, pues en nuestro caminar hacia las comunidades donde llegamos, empezando por nuestra iglesia doméstica, empezamos a llevar la metamorfosis del amor.

Y el evangelio finaliza con las señales de los tiempos, con un llamado a dejar de ser Hipócritas pues somos capaces de leer los cambios del clima y no nos estamos dando cuenta de los cambios que están ocurriendo y que realmente nos sitúan en tiempos de oscuridad y en una Segunda Venida.  Una Iglesia perseguida, una iglesia anclada a sus propios intereses porque no es libre de levantar su voz, pues está amarrada a sistemas políticos y económicos, una Iglesia de Cristo dividida que está enfrentada a desafíos de múltiples pandemias, desafíos climáticos, desafíos para afrontar una tercera guerra mundial que nos llevan a hambrunas y pobreza; desafíos del mundo económico y global que van en contravía a un mundo más humano, a un mundo donde es necesario y cada vez más urgente practicar la Misericordia como cristianos para transformarlo en todas sus esferas.

Señor, qué angustia la que vivimos, pues ser Bautizados nos lleva a asumir riesgos, de caminar por el mundo y empezar a transformar con el fuego de tu Espíritu.   Cuando niños salíamos al parque o a la cuadra del barrio a jugar al congelado,  al juego del rey midas, a que todo lo que tocábamos se detenía, se volvía estático, a lograr anestesiar y dormir una realidad y nos reíamos…

Fotografía de unas jóvenes jugando al congelado

Hoy que somos adultos en la fe buscamos descongelar, lo que está frio volverlo caliente, lo que está adormecido en el amor despertarlo, aquél corazón endurecido ablandarlo, aquél que vive de la pasión y la lujuria que viva en el amor de Cristo, aquél que vive del tener que viva en el Tener a Cristo.

¡Ayúdanos en entender los desafíos de nuestras relaciones y los desafíos del mundo actual para poder caminar e incendiar el mundo con la llama de tu Amor y llevar tu Paz a todos los corazones! ¡Amén!


Oración para la semana

Padre bondadoso,

revive a tu Iglesia en nuestros días,

y hazla santa, fuerte y fiel,

por tu gloria

en Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Comparte