Propio 24

La Palabra de Dios

Mateo 22. 15-22

Entonces se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron algunos discípulos suyos, con unos herodianos, y le dijeron: «Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad, sin que te importe nadie, porque no te fijas en apariencias. Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al César o no?». Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús: «Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto». Le presentaron un denario. Él les preguntó: «¿De quién son esta imagen y esta inscripción?». Le respondieron: «Del César». Entonces les replicó: «Pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios». Al oírlo se maravillaron y dejándolo se fueron. 


Reflexión

Hoy nos ofrece la reflexión del Evangelio, el padre Guillermo Gil

El Evangelio de hoy parte de una mala intención de un grupo de fariseos herodianos que buscan escuchar de Jesús alguna frase en contra de los designios del emperador romano.  Pensaban que había que colocarle una cascarita para que se resbalara e increpara o se sublevara contra el pago de los impuestos excesivos de roma a los judíos.  Sin embargo Jesús les dice “hipócritas, ¿Por qué me tentáis?” y de manera muy inteligente les dice que le muestren la moneda con la cual pagan impuestos y en el denario en relieve aparece el Cesar.  Y él les dice: “Pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.  Este grupo salió sorprendido por la respuesta inteligente de Jesús y se fueron.

Conocí a un Padre Jesuita, el P. Jorge H. Uribe, q.e.p.d, quien coordinaba el equipo de pastoral del colegio San Pedro Claver en Bucaramanga-Santander al final de la década del 90 y él me regalo dos cosas:  un silbato en forma de Cruz pues soy scout y un libro de su autoría sobre Ética.  Me interese como docente en revisar el Edificio Ético y ayudar en la construcción del mismo con mis estudiantes.  Nosotros como seres humanos levantamos unos pilares en los cuales está construida la Casa y eso nos va a determinar durante nuestra vida.  Todos nuestros pensamientos, acciones y operaciones se mueven bajo esos pilares.  Son esos principios, valores, costumbres que serán determinantes.  En otras palabras darán orden a nuestra vida.  De lo contrario será un caos y más tarde que temprano nuestro edificio ético se precipitará.

Recuerdo en el Evangelio que vienen los discípulos y le dicen a Jesús:  “Tu madre y tus hermanos están afuera y te quieren hablar”  ¿Cuál madre y cuáles hermanos? Y el señala a sus discípulos.  Mi madre y mis hermanos son los que cumplen la voluntad de Dios.  Esa es su familia.

Quiero hacer mención a este hecho pues para Jesús la familia que conocemos es mucho más amplia y él vela por el cuidado de la familia de Dios por eso sale a predicar, curar y expulsar demonios.  Jesús construyó su edificio ético y uno de sus principios o pilares es el primer mandamiento de la Ley de Dios.  “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente y al prójimo como a ti mismo”.

Si tan solo uno de nosotros tuviera ese Pilar en su Edificio Ético pasaría lo siguiente:

Cuando sales a hacer una obra de caridad dando de tu tiempo a los demás, tu familia te reclama que les estas quitando tiempo por dárselo a extraños.  Si eres generoso con el prójimo, tu familia te reclama que estas malgastando tus recursos en gente que no conoces.  Si apadrinas a algún niño o niña de escasos recursos, tu familia te reclama que le quitas recursos a tu hijo o hija por dárselos a un niño de ese barrio marginal –y te lo dicen despectivamente-.  Es más, como auténtico cristiano, tu propia familia te desconoce y te desaprueba.  Y si esto te está pasando, vas por el camino correcto, a pesar de que te critiquen y no compartan tus ideas de amar al prójimo.

Ese tipo de pilares en nuestro edificio ético en la sociedad actual es contradictorio para muchos y nos empieza a traer muchos problemas.  Y es que el Reino de Dios es la vivencia del Amor.  Y el amor se desborda y quien vive para el Reino de Dios es misericordioso y perdona no solo a quienes le han hecho daño sino a sus enemigos.

«Pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios»

Por eso, cuando le hacen la pregunta a Jesús sobre el pago de impuestos, Él le da valor a la necesidad de pagar impuestos en una sociedad (impuestos justos), pero también le da valor por encima de lo terrenal a las cosas de Dios, al Reino de Dios.  “Y les dijo: Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios”.

Preguntémonos ¿qué cosas de lo que tenemos, de lo que somos y de las cosas que hacemos responden a esos pilares que apuntan al Reino de los Cielos?  ¿Cuáles son del Cesar? ¿Cuáles son de Dios?

Quiero compartirles la frase que leía todos los días y pasaba por debajo de ella en mi colegio franciscano cuando estaba en edad escolar:  “Mi Dios y mi Todo”

Ese es uno de mis pilares franciscanos… y si estas con Dios y Él es todo para Ti,  NADA te hará falta.  Muy parecido al Pilar de nuestra Santa Carmelita, Teresa de Ávila: “Quien a Dios tiene nada le falta… sólo Dios Basta”

Algunos dirán: le ofrezco a Dios parte mi primera cosecha, parte de mi sueldo, parte de mi fortuna.  Otros, te ofrezco señor mis talentos, mi primer Hijo(a) te lo ofrezco o te ofrezco mi Familia.  Y muy pocos te doy mi Corazón para que habites y reines en mi vida.

Terminemos esta reflexión del Evangelio con la Oración de San Ignacio de Loyola la cual es muy apropiada:

“Toma, Señor, y recibe toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad; todo mi haber y mi poseer. Tú me lo diste, a Ti, Señor, lo retorno. Todo es Tuyo: dispón de ello según Tu Voluntad. Dame Tu Amor y Gracia, que éstas me bastan”


Oración de colecta:

Dios, nuestra luz y nuestra salvación:

ilumina nuestras vidas

para que podamos ver tu bondad

en la tierra de los vivos,

y contemplando tu belleza

nos transformemos en la imagen de Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

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