La Palabra de Dios

Primer domingo de Adviento

Evangelio según Lucas 3.1-6

El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Filipo tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene, bajo el pontificado de Anás y Caifás, Dios dirigió su palabra a Juan, hijo de Zacarías, que estaba en el desierto.

Fotografía de un senderoplano que sube hacia un montículo. El camino está flanqueado por hiervas verdes y culmina en el montículo con un árbol y un arbusto.

Este comenzó entonces a recorrer toda la región del río Jordán, anunciando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados, como está escrito en el libro del profeta Isaías:

«Una voz grita en desierto:

Preparen el camino del Señor,

allanen sus senderos.

Los valles serán rellenados,

las montañas y las colinas serán aplanadas.

Serán enderezados los senderos sinuosos

y nivelados los caminos desparejos.

Entonces, todos los hombres

verán la Salvación de Dios»


Reflexión

Hoy nos ofrece la reflexión de la Palabra Salvi Melguizo

He estado reflexionando a cerca de las lecturas de la semana.

Como los seres humanos necesitamos rituales para sentir que pertenecemos a algo, y por supuesto, a algo grande, esto se demuestra con el bautismo que Juan inició como rito de pertenencia a los primeros grupos de seguidores de Jesús.

Así mismo, nos es más fácil aceptar cambios, nuevas circunstancias si previamente se nos anticipan.

Incluso a veces por más que nos alerten  de algo que podría suceder, nos resistimos a los cambios, preferimos la costumbre, la zona de confort.

¿Quién nos iba a decir que nos podría suceder algo tan duro como una pandemia? por más que médicos y científicos nos avisaran, nadie queríamos creer que a nosotros nos iba a pasar.

Pero yo prefiero soñar,  pensar en esos montes que se aplanan, esos  senderos que se enderezan,  esa posibilidad de mejorar, de trabajar para que cuando lleguen las cosas buenas, podamos disfrutar la vida junto a nuestros semejantes.

Este principio de adviento nos coloca en ese tiempo previo a la Navidad, donde la alegría nos contagia, las compras, los regalos, las luces nos elevan el ánimo, y una vez más volvemos al ritual que nos ayuda a sobrellevar el día a día.

Que nuestro corazón se llene de paz y amor en este adviento, que aprendamos cada día a amar a nuestras hermanas y hermanos.

Que la alegría de la llegada del hijo de Dios al mundo nos haga ser más solidarios, más tolerantes, más amorosos y más fraternales.


Oración para la semana

Dios todopoderoso,
al amanecer de tu reino,
haznos pasar de las tinieblas del pecado a la luz de la santidad
para que estemos preparados para encontrarte
en nuestro Señor y Salvador, Jesucristo. Amén.

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