Propio 22

La Palabra de Dios

Mateo 21. 33-46

Escuchad otra parábola: «Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos. Llegado el tiempo de los frutos, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último, les mandó a su hijo diciéndose: “Tendrán respeto a mi hijo”. Pero los labradores, al ver al hijo se dijeron: “Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia”. Y agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?». Le contestan: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo». Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”? Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos. Y el que cayere sobre esta piedra se destrozará, y a aquel sobre quien cayere, lo aplastará». Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que hablaba de ellos. Y, aunque intentaban echarle mano, temieron a la gente, que lo tenía por profeta.


Reflexión

Hoy nos ofrece la reflexión del Evangelio el padre J. Antonio Rojas

Hoy san Mateo nos propone otra Parábola donde Jesús expone un tipo de personas que no cuidan ni dejan cuidar la viña: pueblo de Dios.

La parábola de hoy se desarrolla en tres etapas.

En las dos primeras, el dueño envía unos criados, y los viñadores los apalean, matan o apedrean.

En la tercera, envía a su propio hijo.

Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”? 

Ocho siglos antes que Jesús, Isaías ya expuso algo parecido: lo deja de  manifiesto en su cap. 5.1-7.

El Pueblo de Dios es como una viña que El mismo plantó y se ocupó de ella con cariño y amor.

Jesús, igual que Isaías, se encara con los oyentes, pidiéndoles su opinión: «¿Qué hará con aquellos labrado­res?»

A simple vista pueden ser casi idéntica pero no es así ya que la de Isaías radica en la viña, y la de Jesús en los viñadores, que se niegan a entregar los frutos a su legítimo propietario, es decir a Dios.

Otra diferencia de lo que ocurre en Isaías, es que los oyentes intervienen, emitiendo una sentencia tremendamente dura: los viñadores merecen la muerte y la viña será entregada a otros más honrados.

Pero las dos la viña son el pueblo de Dios, de ayer de hoy y de siempre.

En la de hoy se refleja un tipo de perfil de personas muy vigente que es el de aquellos individuos que ni «comen ni dejan comer». Son los que no entran ni dejarán entrar; es por ello que son ladrones y asesinos de la Fe.

Dios ha hecho mucho por nosotros y solo espera de nuestra parte justicia y amor fraterno con el prójimo.

Preguntémonos si cuidamos o no, el  pueblo de Dios o, por el contrario, somos ladrones y/o asesinos de la Fe.


Oración de colecta

Dios, nuestro juez y salvador:

enséñanos a abrirnos a tu verdad

y a confiar en tu amor,

para que vivamos cada día

con confianza, en la salvación que nos es dada,

por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

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